La ballena del Liceo Ramón Alfonzo Blanco de Guatire

Durante muchos años, el esqueleto de la ballena que adornaba de manera imponente el patio interior de este liceo ubicado en la calle Miranda, fue el símbolo más representativo de Guatire.


Por Aníbal Palacios B.

Tuvo la doble virtud de atraer la mirada y la admiración de propios y extraños, porque no sólo fueron los visitantes foráneos quienes se vieron cautivados por su figura sino que también los lugareños se paseaban por el recinto estudiantil para apreciar lo que fuera un animal lleno de misterios marinos.
Eso sí, sólo los visitantes especialistas en la materia se ocuparon de saber la manera cómo había llegado esa ballena hasta Guatire porque para los lugareños era un detalle intrascendente. Transcurridos casi 60 años desde entonces, esos recuerdos pasaron al olvido y allí hubiesen permanecido de no ser por el concurso de tres personas, para el caso concreto de este relato.
El profesor Narciso Simón Rodríguez Guevara, quien en su condición de Subdirector y Secretario del liceo, escribió un minucioso informe en el que restó importancia al esfuerzo individual de recuperar los restos de una ballena muerta hallada en los Totumos, y realza el trabajo colectivo de un grupo de personas que hicieron posible la tarea que más adelante se describe.
Fredis Guaramato, tiene el doble mérito de haber participado en las faenas de recuperación del esqueleto de la ballena y, quizás más importante aún, rescatado de algún olvidado archivo la crónica del profesor Rodríguez Guevara que aquí publicamos textualmente.
Emma La Negra Pinto, fue la inspiración para que el cronista se interesa en la búsqueda de la información que nos llevó a Fredis y al profesor Rodríguez: rescató de una papelera de la Alcaldía de Zamora unas fotografías de la ballena que son fiel testimonio del relato. Instalado el primer gobierno municipal revolucionario, un recién ungido funcionario no entendió la importancia que para esa revolución tendría un poco de huesos fotografiados, ni se ocupó de preguntar, y los archivó en la papelera más cercana. El destino quiso que La Negra se encontrase en el lugar, y no dudó en rescatar el preciado tesoro de la historia aldeana, y los conservase para toda la comunidad zamorana.

Primer esqueleto de ballena armado en Sudamérica
“El 25 de julio de 1961 nuestro amigo el pescador Juan Ramírez, por intermedio del señor Félix Germán Flores, nos avisó que en Los Totumos (cerca de Cabo Codera) había encontrado una ballena muerta encallada cerca de la playa. El 1° de agosto muy temprano el director del liceo, Br. Manuel Ángel González S., los estudiantes José Antonio García, Cruz Eudoro Hernández, Rogelio Delgado, nuestros amigos Jorge León, Elpidio Porras, Félix Germán Flores y yo nos trasladamos a Carenero, luego en el bote de Juan fuimos a Los Totumos. La ballena estaba en descomposición, pero esto no fue obstáculo para extraer los maxilares inferiores de tres metros cada uno y la cola.

El día 6 regresamos de nuevo y procedimos a la separación del cráneo y a extraer los músculos que cubrían los costados y el tórax. Fueron desarticuladas las costillas del lado derecho y el resto de la región caudal. Desde el 7 al 12 de agosto nos quedamos trabajando diariamente hasta el atardecer Rogelio Delgado, Elpidio Porras y yo. Para ese día ya se había extraído los órganos del tórax y del abdomen; sólo faltaba por desmembrar quince vértebras de la columna.
La tarea más incómoda y forzada fue traer el cráneo desde el lugar donde se descuartizó la ballena hasta los Totumos y de allí a Carenero, pero nuestro amigo Felipe Ordaz nos facilitó el jeep, el remolcador y él lo condujo por el tortuoso camino que fue carretera en un tiempo. Durante estos trece días Juan Ramírez en su bote cruzó la Ensenada de Carenero cuarenta y seis veces sin interés económico para transportar costillas y vértebras. La osamenta fue trasladada hasta Guatire en un transporte cedido por el señor Pedro Delgado y conducido desinteresadamente por el señor Francisco Ruiz.
El proceso de maceración y limpieza, y la estructuración del esqueleto y de la base metálica, duró ocho meses y medio. La base de hierro fue construida en el taller del Instituto. Participaron en esta labor los estudiantes José Antonio García, Pedro Luis Lugo, Carlos Guaramato, Hugo Hernández, Miguel Pérez Camacho, Francisco Antonio Martínez, Fredis Guaramato, Héctor Ramón Milano, Rogelio Delgado, Humberto Robledo Montalbán, y yo. Casi se me olvida el estudiante Carlos Jugo A. El señor Héctor Álvarez Rodríguez soldó toda la estructura de hierro desinteresadamente, con la buena colaboración de otro amigo nuestro, el señor Pedro Pérez González.
La preparación y montaje del esqueleto de 12, 46 metros de longitud se efectuó bajo la dirección y planificación del profesor de Ciencias Biológicas del Instituto, Br. Manuel Ángel González S. La labor ha sido dura, pero se ha trabajado intensamente en vacaciones y días de asueto porque ha sobrado buena voluntad.
El Instituto agradece a todos su espontánea y eficaz ayuda. El esqueleto de esta ballena junto con otros treinta esqueletos de vértebras y 2.140 muestras de Ciencias Biológicas preparadas en nuestro liceo, están en exposición durante las horas de labor y los domingos en la mañana.
Guatire, 30 de septiembre de 1962

Narciso S. Rodríguez Guevara
Subdirector-Secretario

La ballena perdida de Guatire
La nota descrita fue publicada inicialmente en la edición N° 25 de Tere Tere en Noviembre de 2002, pero la historia continuó. La desaparición del viejo y noble Liceo dejó sin techo a la ballena y el Centro Excursionista Manuel Ángel González (CEMAG) desarmó el esqueleto y lo trasladó a su antigua sede, cercana al Hospitalito; es decir, sin espacio para exhibirla. Al no contar con la ayuda oficial necesaria la cedió al Parque Henry Pittier y allí se perdió su rastro; no obstante ya se había despertado el interés en preocupados aldeanos como Efrén Toro, Oscar Muñoz y Miguel Alciro Berroterán, quienes siguieron la pista y ubicaron el esqueleto en el Museo Marino de Cumaná, pero éste había sido seriamente dañado por el terremoto de 1997 y las especies exhibidas fueron trasladadas a distintos sitios de la ciudad. Paralelamente, Tere Tere ubicó un minucioso y documentado estudio realizado por el biólogo A. I. Agudo que permitió determinar, sin lugar a dudas, que el esqueleto exhibido en ese Museo era el mismo que por muchos años engalanó al Liceo Dr. Ramón Alfonso Blanco. El investigador partió de una crónica publicada en el diario El Nacional (11/08/61) para realizar un meticuloso seguimiento que le permitió establecer que el esqueleto fue entregado en 1986 “… para guarda y custodia (no donación) del Museo del Mar de la ciudad de Cumaná…” Actualmente la osamenta presenta un marcado deterioro producto de su accidentado peregrinaje, que al parecer no concluye, y se encuentra bajo la custodia de la Universidad de Oriente

Confusión
En el ínterin, se corrió la voz sobre un hallazgo en el Museo del Mar en Margarita, pero resultó ser una falsa alarma. El esqueleto que allí se exhibe es el de una ballena jardinera y no una jorobada, como la nuestra. Fue hallada en Cubagua y mide tres metros. Sólo existen cuatro esqueletos de ballena armados en el país, el primero de ellos se aparejó en Guatire y es patrimonio de esta comunidad, sólo se requiere la disposición gubernamental de rescatarla.

 

Aníbal Palacios

palacito@gmail.com
(0424) 219 3635
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